Eran aproximadamente la una de la tarde, hacía un calor infernal, era extresante el ruido de los carros que se mezclaban con los gritos de los venteros que ofrecian frutas y verduras, justo en el anden donde estaba parada esperando la buseta. Era casi desesperante y me preguntaba, un poco molesta, por qué pasaban todos los buses menos el que yo necesitaba, pero le parece a uno que mientras más se queja, más se demoran, entonces obte por pensar en otras cosas y esperar.
En medio de las personas que cruzaban la calle, que no deja de estar en constante movimiento, vi que venía el bus doblando la esquina; pude reconocerlo porque a medida que se acercaba, podía leer el inmenso letrero en la parte de arriba que dicía Sabaneta. De tras de mi había un negocio de jugos naturales de esos que cuestan mil docientos pesos, y que se vuelven irresistibles en medio del calor y de los estrujones de la gente que pasa con sus bolsos grandísimos y que además van de prisa por el anden, que fuera de ser estrecho, se ocupa por los vendedores ambulantes; El caso fue que yo al ver que venía el bus, me apresuré a comprar un jugo, y mientras me esculcaba los bolsillos para sacar los mil docientos y de una vez el pasaje, el muchacho alto, moreno y con delantal blanco, iba licuando el jugo, al fin me lo entregó le pague y me derigí al bus; al subir sentí ese sofoco y ese olor a gasolina que me revolvio todo por dentro, pase la registradora y me sente al lado izquierdo en el penúltimo puesto de atras para adelante, al lado de la ventanilla. Después de diez minutos, el bus comienza su trayectoria y con él cerca de quince personas, y pude notar que no era la única que sentía calor, pues se podía ver sus rostros sudorosos y una que otra respiración agitada, entonces pensé: estos medios de transportes que habitamos diariamente, no solo nos transportan, sino que además se convierten en un lugar para relajarse un poco, para pensar, descansar o dormir un rato mientras llegas al trabajo, al estudio o a la casa después de una larga jornada. Claro esta, que no podemos olvidar que es un lugar público y por lo tanto estamos en una constante relación con las demás personas, y esto hace que a veces tengamos que tolerar olores, ruido, música y conversaciones que no van con nosotros, pero nos enseña a convivir con la diferencia, no es solo un acto de buena educación, es también la mejor forma con la que podemos generar cultura de manera que podamos comprender y aceptar al otro. No es una obligación, pero si un deber como ciudadanos o al menos como seres humanos.
En medio de las personas que cruzaban la calle, que no deja de estar en constante movimiento, vi que venía el bus doblando la esquina; pude reconocerlo porque a medida que se acercaba, podía leer el inmenso letrero en la parte de arriba que dicía Sabaneta. De tras de mi había un negocio de jugos naturales de esos que cuestan mil docientos pesos, y que se vuelven irresistibles en medio del calor y de los estrujones de la gente que pasa con sus bolsos grandísimos y que además van de prisa por el anden, que fuera de ser estrecho, se ocupa por los vendedores ambulantes; El caso fue que yo al ver que venía el bus, me apresuré a comprar un jugo, y mientras me esculcaba los bolsillos para sacar los mil docientos y de una vez el pasaje, el muchacho alto, moreno y con delantal blanco, iba licuando el jugo, al fin me lo entregó le pague y me derigí al bus; al subir sentí ese sofoco y ese olor a gasolina que me revolvio todo por dentro, pase la registradora y me sente al lado izquierdo en el penúltimo puesto de atras para adelante, al lado de la ventanilla. Después de diez minutos, el bus comienza su trayectoria y con él cerca de quince personas, y pude notar que no era la única que sentía calor, pues se podía ver sus rostros sudorosos y una que otra respiración agitada, entonces pensé: estos medios de transportes que habitamos diariamente, no solo nos transportan, sino que además se convierten en un lugar para relajarse un poco, para pensar, descansar o dormir un rato mientras llegas al trabajo, al estudio o a la casa después de una larga jornada. Claro esta, que no podemos olvidar que es un lugar público y por lo tanto estamos en una constante relación con las demás personas, y esto hace que a veces tengamos que tolerar olores, ruido, música y conversaciones que no van con nosotros, pero nos enseña a convivir con la diferencia, no es solo un acto de buena educación, es también la mejor forma con la que podemos generar cultura de manera que podamos comprender y aceptar al otro. No es una obligación, pero si un deber como ciudadanos o al menos como seres humanos.
Iba tan concentrada en lo que pensaba, que ni siquiera captaba lo que podía mirar por la ventanilla, y si bajaron o subieron pasajeros jumm ni cuenta me di. Hasta que el bus hizo una parada una cuadra antes del Hospital General de Medellín, y escuche a un joven que le decía al conductor "señor es tan amable y me deja trabajar” pero él sigue como si nada, yo la verdad hubiese preferido pensar que tal vez no lo escuchó, pero si lo hizo, y me pregunte ¿Cuántas personas pudieron haberle brindado algo a ese jóven, para alimentarse, para estudiar, para pagar el arriendo o para colaborar en la casa? ¿O quizás es más importante la comodidad que la necesidad? Bueno yo la verdad en cuanto lo vi, no lo pensé dos veces para bajarme del bus y tratar de establecer una corta conversación con él, ya que no contaba con mucho tiempo, por que debía llegar a mi trabajo. Recuerdo que al bajarme del bus tuve que devolverme media cuadra, y hacia fuerza para que ésta vez no tratara de subir a ningún bus, cuando ya estaba más cerca de él no pude detenerme, sentí pena y un poco de susto, entonces pase por su lado y lo único que se me cruzo por la mente fue botar el vaso del jugo que había comprado en el paradero, en la caneca de basura que estaba diagonal a él a unos siete pasos; y mientras hice ese desplazamiento, me dije que debía acercarme por que había bajado del bus y eso no podía quedar en vano, así que me acerque de nuevo y esta vez lo salude. Él tenia una grabadora en su mano derecha y su cabello estaba lleno de trencitas, y en su cuello tenia una camándula de pepitas negras, y con tan buena suerte que no solo conocí su nombre, sino que después de comentarle lo valiosa que podría ser su experiencia para mi trabajo, no solo con la universidad sino también con la sociedad, él no paraba de contarme varias de sus anécdotas, y me dejó muy claro que podía contar con él para lo que fuera, que el ama subir a los buses y cantar; además se notaba por su forma de hablar tan emotiva que siente lo que hace y lo haría en cualquier lugar sin reproche alguno.
Me sentí en la confianza de pedirle que intercambiáramos números telefonicos, para poder encontrarnos en otra oportunidad y él sin dudarlo me dicto su número y yo le escribí el mío en una hoja que arranque de mi cuaderno.
Fueron tan solo veinte minutos, sé que sabía que estaba agradecida por su tiempo, pero se lo dije de nuevo, en realidad lo estaba, y de inmediato Le dije que debía irme en ese bus que estaba casi al frente de nosotros y sin más tiempo nos dijimos hasta pronto y subí al bus, también era de Sabaneta y también hacia mucho calor…
jelou
ResponderEliminarmuy bien!
solo estamos pendientes del tema de: Como es tu observacion???